La llegada de un bebé supone uno de los cambios más importantes dentro de una familia. Para los perros, este acontecimiento implica una modificación profunda de su entorno: rutinas, atención, estímulos sensoriales y dinámicas sociales cambian de forma repentina.
Asumir que el perro “se adaptará solo” es uno de los errores más frecuentes y, a largo plazo, uno de los más costosos a nivel conductual.

Preparar al perro de manera adecuada no es opcional, es una medida preventiva fundamental tanto para el bienestar del animal como para la seguridad del bebé.

En este artículo te explico cómo preparar a tu perro para la llegada del bebé desde un enfoque etológico, preventivo y respetuoso.

¿Por qué la llegada de un bebé es un cambio importante para un perro?

Desde un punto de vista etológico, el perro es un animal altamente sensible a los cambios en su entorno social. La introducción de un nuevo miembro en la familia implica:

Para el perro, estos cambios no tienen un significado positivo o negativo por sí mismos, pero sí suponen un aumento del nivel de incertidumbre y activación si no se gestionan correctamente.

Qué ocurre cuando el perro no hay una preparación previa

Cuando el perro no comprende ni anticipa estos cambios, pueden aparecer respuestas conductuales no deseadas, como:

Estas respuestas no son actos de celos, venganza ni mal comportamiento, sino intentos del perro de adaptarse a una situación que percibe como impredecible.

La adaptación empieza antes del nacimiento del bebé

Uno de los puntos clave es entender que la adaptación no comienza cuando el bebé llega a casa, sino semanas o meses antes.

Preparar al perro con antelación permite:

Esperar al nacimiento para “ver cómo reacciona” el perro aumenta de forma significativa el riesgo de problemas posteriores.

Principios básicos para preparar al perro correctamente

1. Anticipar cambios en rutinas

Es recomendable introducir de forma progresiva los horarios y dinámicas que se mantendrán tras el nacimiento: duración de paseos, momentos de descanso, tiempos de interacción, etc.

2. Trabajar la tolerancia a la frustración

Muchos problemas aparecen cuando el perro no sabe gestionar la espera o la reducción de atención. Enseñar autocontrol y descanso autónomo es fundamental.

3. Habituación a estímulos del bebé

Sonidos, objetos, movimientos y olores deben introducirse de manera gradual y asociarse a experiencias neutras o positivas, nunca forzadas.

4. Gestión del espacio

El perro debe aprender qué zonas estarán disponibles, cuáles no y dónde puede relajarse con seguridad sin ser molestado. Un transportín/caseta le será de gran ayuda teniendo en cuenta que el perro viene del lobo y el lobo es un animal de madriguera. Buscará refugio en dichos espacios para poder evitar al bebé cuando lo considere necesario.

5. Comprender su comunicación

Reconocer señales de estrés, incomodidad o evitación permite intervenir a tiempo y prevenir situaciones de riesgo. NUNCA deberemos acercar el perro al bebé o viceversa de forma forzosa. El perro siempre debe de tener la opción de apartarse/huir cuando se sienta incómodo o amenazado. De lo contrario, podría optar por morder al bebé.

Seguridad y convivencia: una responsabilidad adulta

Un perro bien preparado no es aquel que “aguanta” al bebé, sino aquel que:

La convivencia segura no se basa en la improvisación, sino en el conocimiento, la prevención y el acompañamiento profesional cuando es necesario.

Conclusión

La llegada de un bebé no tiene por qué convertirse en un problema para el perro ni para la familia. Con una preparación adecuada, respetuosa y basada en el conocimiento del comportamiento canino, es posible construir una convivencia equilibrada, segura y funcional desde el primer día.

Preparar al perro es cuidar del bebé.
Y también es cuidar del propio perro.

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